¿Quién no la ha hecho alguna vez? Descartas el papel que estás utilizando, lo arrugas, haces una bola y lo lanzas a la papelera. Si aciertas, sonríes con orgullo; si fallas, te levantas con las orejas gachas e inclinas el espinazo para poner la «pelota» en su sitio. Hasta ahora, porque con esta papelera, el éxito está asegurado: lances lo que lances, siempre harás… ¡canasta!

El invento es -cómo no- japonés: Un cubo de basura autónomo que se mueve para coger al vuelo la basura que se va tirando. La gracia del  asunto está en la base de esta papelera robótica: allí se ocultan tres ruedas y un complejo circuito conectado inalámbricamente a un Kinect, que detecta la trayectoria de los objetos y sitúa el cubo en el punto exacto para su recogida.

Si lo que se ve en este vídeo es cierto, el invento funciona bastante bien:

 

Vale, funciona y ahora me pregunto: ¿dónde está la gracia? ¿Para qué necesitamos que la papelera busque nuestro papel si lo que de verdad queremos es poner a prueba nuestra puntería y evadirnos aunque solo sea por unos segundos de la aburrida rutina cotidiana? Yo, desde luego, para nada.