elmundo

Pueril y comprensible a la vez. El PP se comporta como el niño travieso pillado en el renuncio y empeñado en esconder las prueba e indicios de su fechoría. Se antoja infantil pensar que destruyendo los discos duros de los ordenadores de Bárcenas desaparece de golpe y plumazo la carga de la prueba. Resulta tiernamente ingenuo pensar en quienes han diseñado una estrategia de defensa basada en tapar y esconder cualquier atisbo de las huellas del saqueo. Es zafio,mediocre y hasta chabacano pero entendible al fin y al cabo si nos ponemos en el pellejo y en la cabeza de quienes viven para perpetuarse en el poder. Y es ingenuo porque destruir las huellas informáticas de los papeles de Bárcenas sólo sirve para complicar la investigación judicial. Cierto es que acabar con la carga de la prueba torpedea el proceso judicial en la misma medida que añade lastre a la visión política que los ciudadanos tienen del partido que les gobierna. Mal hacen los populares en resoplar y respirar después de la zancadilla al juez Ruz que debe mascullar su reacción entre indignado y resignado. Puede que el PP se libre de la condena jurídica pero difícilmente escapará de la pena capital que impondrán los ciudadanos en las urnas.

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Entre votantes desencantados y ciudadanos despechados anda un juego que acabará con un brutal castigo electoral en las próximas elecciones europeas. Lo que pase después no está escrito por gambling mucho que unos y otros lancen señales inequívocas que recuerdan al «lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir» del Jefe del Estado.Echa a andar el curso político y los voceros de Mariano Rajoy llenan sus portadas con la promesa de que los impuestos bajarán. Quiere el presidente reducirlos meses antes de ir a las urnas para que los españoles vuelvan a pagar lo mismo que antes de su última  cita electoral cuando también prometió una bajada de la presión fiscal. Otro «dejá vú «de una clase política que pide a gritos un merecido escarmiento por seguir tratando como tontos a una ciudadanía que se consume en el hartazgo, la desazón y la desesperanza.

 

LA CANDIDATA

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Carme Chacón, -la mujer que se quedó a 22 votos de ser el actual cartel electoral socialista,  ha apostado por dar un paso atrás para tomar impulso. Se va de España harta del ninguneo de un grupo parlamentario en manos de un líder que rezuma revancha pagando sus cuitas personales . Chacón se aleja de España para volver con  más fuerza y convertida en salvadora de un partido que no termina de levantar cabeza secuestrado por la inoperancia de sus dirigentes y lastrado por la incompetencia de una generación caduca, avejentada y trasnochada.