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	<title>El Universo de Martina &#187; Medalla</title>
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		<title>HISTORIAS DE NUEVA YORK</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2013 07:49:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[@miryamrom]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Óscar Vázquez Carnero, @oscarvazquezcar Sólo fracasa quien no lo intenta. La frase es un mantra repetido machaconamente durante las últimas semanas. La ...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img width="384" height="216" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2015/03/los5delcomando-384x216.jpg" class="attachment-post-thumbnail wp-post-image" alt="Más..." /></p><p style="text-align: center;"><b><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/los5delcomando" rel="attachment wp-att-11502"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/los5delcomando-384x216.jpg" alt="los5delcomando" width="384" height="216" /></a></b></p>
<h4>Por Óscar Vázquez Carnero, @oscarvazquezcar</h4>
<p>Sólo fracasa quien no lo intenta. La frase es un mantra repetido machaconamente durante las últimas semanas. La palabra fracaso está fuera del vocabulario de cualquier maratoniano que haya puesto empeño, ilusión, sacrificio, esfuerzo y constancia para afrontar los 42,195 kilómetros más duros que recuerdo.<span id="more-11517"></span> <img title="Más..." src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" />La palabra fracaso no existe para los más de 50.000  corredores que colocaron su dorsal al pecho para recorrer las calles de Nueva York. Sólo fracasa quien no lo intenta o el maratón como metáfora de la vida. El maratón como metáfora de unas vidas que alimentan las historias de Nueva York.</p>
<h3>EL SUEÑO AMERICANO</h3>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/dani-jpdanig" rel="attachment wp-att-11503"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/dani.JPdaniG-384x256.jpg" alt="dani.JPdaniG" width="384" height="256" /></a></p>
<p>El dorsal 9.591 se ha ido a uno de los runners que más lo merecían. Daniel Hernangomez (@danifundacion) comenzó a correr por la Gran Manzana cuando sus ojos de niño se convertían en platos al ver la imponente estampa del puente de Verrazano atestado de corredores que enfilaban el barrio de Brooklyn. Dani lleva años soñando el momento. Años para imaginar cómo suenan el himno americano y el «New York, New York» de Sinatra segundos antes de la salida.  No hace tanto una lesión estuvo a punto de robarle su sueño pero entre luchar o ceder se quedó con lo primero.  Tres días antes del maratón se puso una camiseta muy especial con la foto de sus amigos estampada en la tela amarilla con la leyenda «Dani, no te rindas». El «comando berlinés» tuvo el gesto y él puso el resto. Desafió a sus límites y se sobrepuso a los negros augurios médicos porque nunca dejó de creer. Jamás renunció al oasis que comenzó a vivir meses atrás con duros entrenamientos y una mentalidad espartana que contagió al resto del grupo. Parecía un milagro pero sus gritos de ¡»vamos, vamos! ya atronaban en Verrazano bridge antes de la salida. Las primeras zancadas eran tan anárquicas como la explosión de sensaciones de los miles de runners. Nueva York es un maratón que no espera para presentar credenciales. Arranca en subida y apenas tres kilómetros después ya enseña sus mejores galas. Miles de personas aguardan a los dos lados de las calles de Brooklyn para animar a sus héroes anuales. Resulta imposible mantener la calma y muy difícil conservar la cabeza fría cuando escuchas tu nombre una y otra vez. El ruido se hace atronador y el alma de Dani se agiganta cuando distingue entre el público una bandera de España y escucha la voz familiar de los infatigables animadores Esperanza, Vanesa e Iván. Los 15 primeros kilómetros son inolvidables porque las piernas vuelan y la cabeza está entera. El cuerpo responde también en el barrio de Queens antes de afrontar el paso por el medio maratón en una de las subidas complicadas de la prueba. Es solo un aviso porque en el kilometro 25 espera el temible puente de Queensboro. Casi dos kilómetros de durísima ascensión antes de que el dorsal 9.591 se de cuenta que los años de privaciones han merecido la pena solo por vivir la entrada en la Primera Avenida. El silencio del puente se rompe a cientos de metros de su final con un estruendo propio de los estadios míticos. Cientos de miles de neoyorquinos se dejan la garganta para animar a los corredores en sus primeras zancadas por Manhattan. Dani vuela y se siente el hombre más afortunado de la tierra cuando minutos después vuelve a ver las banderas de su país con los dos grupos de animadores del «comando berlinés». Esta vez esperan Lucía, Gemma, Ana y Juncal.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/unknown-1-3" rel="attachment wp-att-11505"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/Unknown-12.jpeg" alt="Unknown-1" width="256" height="256" /></a></p>
<p>Se frena eufórico para saludar y desafía la fortaleza de una prueba que no admite bromas. Mantiene vivo el reto de finalizar por debajo de 3:15 más allá del kilómetro 30 y es ajeno a lo que le espera. El terrible muro, la mítica pared, golpea a siete kilómetros de meta. Es el momento en que la experiencia y la garra no sirven de nada porque el cuerpo dice basta. Dani tiene fortísimos dolores de flato que intenta disimular con sus manos apretando el estómago. El dolor le hace parar una vez, una segunda y hasta una tercera y comienza su agonía. Sabe que se le escapa la marca y llega a pensar en frenar en seco para esperar a los compañeros del «comando» que vienen detrás. No lo hace y encara el kilómetro 40 completamente roto y desencajado. El tramo final de su maratón es inolvidable por épico. Acostumbrado a ritmos casi de élite enfila la recta de meta corriendo con mucha dificultad. Apenas quedan fuerzas para sacar la bandera de España que lleva colgada durante toda la prueba y levantar los brazos mientras piensa «lo conseguí, lo hice».</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/dsc_0479-abrazometadanijpg" rel="attachment wp-att-11506"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/DSC_0479.abrazometadanijpg-384x216.jpg" alt="DSC_0479.abrazometadanijpg" width="384" height="216" /></a></p>
<p><b> </b> Mira al cielo y piensa en su familia, en su mujer , en sus hijos, en sus padres, en su tía enferma y en sus amigos del «comando berlinés». Espera lloroso en la meta para fundirse en un abrazo emocionado. Ahora llora de alegría porque su amigo ha hecho mejor marca personal. Dani y su número ya son historia. El 9.591 ya es otra historia de Nueva York. <object width="560" height="315" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="//www.youtube.com/v/HDTU4IbVUjY?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="560" height="315" type="application/x-shockwave-flash" src="//www.youtube.com/v/HDTU4IbVUjY?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowfullscreen="allowfullscreen" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="allowfullscreen" /></object></p>
<h3>HÉROES DE NUEVA YORK</h3>
<p style="text-align: center;"><b><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/ruben" rel="attachment wp-att-11508"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/ruben-384x256.jpg" alt="ruben" width="384" height="256" /></a></b></p>
<p>Nueva York es un lugar de héroes anónimos, una urbe hecha a golpe de talento y esfuerzo. Un espacio que descubrió el maratón hace 44 años y que desde entonces lo cultiva, lo cuida y lo mima. Una ciudad que año tras año sigue alumbrando pequeñas historias que la hacen cada vez más grande. El protagonista de la siguiente lucía el dorsal 9.680 adornado con el color azul que distingue a quienes  salen en la primera oleada. Rubén Serrano @vertice1974 aterrizó  con el sueño intacto y la ilusión de un principiante que acumula cinco maratones. Acompañado de Ana y de su hija Lucía y convencido de rozar con los dedos la utopía de terminar el reto por debajo de las tres horas. Rubén lo hizo todo bien antes de llegar a Nueva York. Fue constante en los entrenamientos, bajó de peso y pasó con nota la distancia de pruebas más cortas. Llegó concentrado y motivado y rozó la felicidad rodeado de amigos cuando escuchó con la mirada brillante el himno americano. Pensó entonces que su vida cambió cuando conoció a ese grupo de locos del maratón que han hecho del reto perpetuo su forma de vida. Salió a por todas y devoró kilómetros con la felicidad  del principiante. Voló cuando escuchó el «Eye of the tiger»  de Rocky en Booklyn y cuando sonó  el «Born to run» de Bruce Springsteen en Queens. Le esperaba el éxtasis de la Primera Avenida para disfrutar de los suyos y de ese beso que enterraba recuerdos oscuros y meses de infierno.</p>
<p style="text-align: center;"><b><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/banderaespana" rel="attachment wp-att-11509"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/banderaespaña-384x215.jpg" alt="banderaespaña" width="384" height="215" /></a></b></p>
<p>Su familia lucía orgullosa esa gigantesca bandera de España pintada con mimo por sus hijos que dejaron su huella infantil al estampar en negro el nombre del «comando berlinés». Le pudo la pasión y lo dio todo en este kilómetro 27 que acabaría pasando factura. Sufrió a partir del 32 y conoció las miserias de la grandeza. Supo lo pequeño que puedes llegar a sentirte en una prueba capaz a la vez de agigantar tu propia leyenda. Corrió los últimos kilómetros devastado por las flaquezas físicas que ni siquiera pudieron impedir los antaño milagrosos geles. Rubén no corrió el último tramo como sabe. Lo masculló mientras una y otra vez se preguntaba ¿en qué he fallado? Él todavía no era consciente de que no erró. Todavía no sabía que sólo fracasan quienes no lo intentan. Eso lo aprendió después de cruzar la meta y digerir la decepción  de no poder  hacerse una foto con sus amigos. Pasó frío mientras maldecía no haber mejorado su marca personal por un puñado de segundos y tardó en valorar que acababa de firmar una envidiable marca de 3:13:33 en el maratón «Major» más difícil.  Rubén dejó Nueva York sabiendo que el camino a la gloria no es fácil pero todavía no sabe que hace tiempo que comenzó a transitarlo para conocerlo.</p>
<h3>LA HISTORIA DEL 9.593</h3>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/shevi" rel="attachment wp-att-11510"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/shevi-384x215.jpg" alt="shevi" width="384" height="215" /></a></p>
<p>9.593. Imposible olvidar el dorsal que me acompañó durante todo el maratón de Nueva York. Lo lucía José Luis Hernández @shevi68 que se pellizcaba una y otra vez para confirmar que sí, que estaba allí, en la parte alta del puente de Verrazano. En la salida derecha y con el perfil de Manhattan escorado. Decidió beberse de un trago los momentos mágicos de la prueba. Llegó a Manhattan con su inseparable Esperanza y con Marc, su compañero de correrías por los montes de Viladecans. José Luis es de esa estirpe de runners que llevan dibujado en el rostro la lealtad y la honestidad. Yo lo sabía antes de llegar a Manhattan y tuve la ocasión de comprobarlo en cada metro de la prueba. Salimos juntos y juntos llegamos gracias a su generosidad. Vivió como pocos los momentos previos a una carrera soñada que le dejó recuerdos imborrables en cada metro.  Se sorprendió de las grande medidas de seguridad y disfrutó de la salida y de las entrañables avenidas de Brooklyn donde se mezclaban el acento hispano y americano de un público que se desgañitaba con sus gritos de ¡»Go Marc» y  «Go Shevi»! Le cambió la cara al ver a su «hermano» Iván y a su pareja Esperanza poco antes de entrar en Queens. Un barrio lleno de contrastes donde el español suena con fuerza antes de conocer el estruendoso silencio de la zona judía. José Luis llega fresco a Queensboro bridge y sale eufórico cuando escucha el rugido de una urbe que se echa a la calle una vez al año para recordarle al mundo que sigue siendo dueña del maratón. El MARATÓN  con mayúsculas. Luce el 9.593 por la larga Primera Avenida y disfruta del apoyo de «nuestro» público que engalana las vallas con las banderas de España. Corre fácil e inmensamente feliz y afronta el último 10.000. El que pone en su sitio a los maratonianos. José Luis marca el ritmo y se da cuenta de que su compañero de viaje comienza a flaquear. En los pasos emblemáticos del maratón  siempre ofreció su mano para chocar con la mía en señal de complicidad. Ahora sabe que eso no basta. Mira una y otra vez hacia atrás. «Vamos Óscar», no hemos llegado aquí para estropearlo al final. «Por tu familia, por tus amigos, por los kilómetros contra el cáncer. No podemos fallar». Acabamos de pasar el momento crítico de la prueba después de bajar ligeramente el ritmo y de un gel milagroso. Llega la hora de vivir la esencia del maratón de Nueva York. El que da lo mejor y lo peor. El que te premia con un ambiente irrepetible  y el que te castiga con un  perfil endiabladamente demoledor. El que te hace pensar «que esto no se acabe nunca» poco antes de suplicar «por Dios, dónde está la meta». Los últimos siete kilómetros son una mezcla de sensaciones. La eterna Quinta Avenida y su subida amenazan con desmoronar el sueño de bajar de 3:30 y los toboganes de Central Park castigan los músculos hasta un punto de dolor casi insoportable. José Luis tira de mi, pasa por todos los avituallamientos para darme agua o bebida energética y repite, una y otra vez «lo tenemos».</p>
<p style="text-align: center;"><b><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/img_3604-jpooscarg" rel="attachment wp-att-11507"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/IMG_3604.JPooscarG-384x256.jpg" alt="IMG_3604.JPooscarG" width="384" height="256" /></a></b></p>
<p>Faltan dos kilómetros. Los más inolvidables. Volvemos a ver a Esperanza, grito «Gemma, te quiero»  cuando veo a mi hija entre el público , sonrío cuando encuentro al corresponsal de Antena 3 en Nueva York, José Ángel Abad, y al cámara que graba nuestro paso y cambio de ritmo cuando me topó en medio del recorrido con los gritos de ánimo de @brendamarting, madrina del Comando y runner ejemplar. Queda poco más de un kilómetro y José Luis no afloja. Cada puñado de zancadas,una mirada atrás para comprobar que sigo a su lado. A 300 metros de la meta, al límite de las fuerzas, saco la bandera de España y se la ofrezco a mi amigo sevillano. Con ella entramos en 3:28:04. El dorsal 9.593 ha protagonizado otra historia de Nueva York. Yo siempre podré contar que le acompañé.</p>
<h3>LECCIONES DEL MARATÓN</h3>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.eluniversodemartina.es/2013/11/historias-de-nueva-york.html/elite" rel="attachment wp-att-11511"><img class="aligncenter" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2013/11/elite-384x256.jpg" alt="elite" width="384" height="256" /></a></p>
<p>Esta metáfora de la vida te enseña que no hay derrota mientras estás vivo.  «In Contraria Ducet». «En la adversidad lucha». Lecciones de rugby para un maratoniano que disfrutó más allá de los 42,195 kilómetros. Nueva York volvió a darme lo mejor y lo peor. Me recordó que soy un maratoniano con poco talento pero sobrado de corazón y orgullo y me premió con unos recuerdos imborrables. Exhausto y feliz, recupero el texto del tweet que escribí en el autocar camino de la salida. «Con mi hija entre el público, mi madre donde quiera que esté y con el aliento de mis amigos, no podía fallar. Mejor marca personal en NYC.» Fue mi único mérito. Creer en mí antes del reto porque sólo fracasa quien no lo intenta. Vuelvo a casa más convencido que nunca de que la derrota no existe mientras sigas vivo aunque estés en la lona y de que hay pelea si el partido no ha acabado. Otra vez el maratón como metáfora de la vida. Regreso orgulloso y emocionado por los mensajes de ánimo de la parte del «comando berlinés» que se quedó en Madrid y en el País Vasco. Gracias a Juan, Miguel, Ricardo y José. Terminé la aventura al borde de la lágrima al comprobar el seguimiento  emocionando de mis amigos pucelanos y la ilusión de principiante de mis ETERNAS amigas del Universo de Martina. Y muy agradecido a todos aquellos que colaboraron con el proyecto #kilómetroscontraelcancer de @rafavega_ @MarianellaCorde, @carlos_mascias y @JulioMolinaCast Gracias a Celia Prieto, Gemma Vázquez, Lucía Vázquez, Celia Vázquez, Rafael Rivero, Gracia Gómez, Carla Rivero, Mario Rivero, Javier Vázquez, Mayte Ortega, Rosa García, Ana Azcárraga, @crisdejuan @Solepvicens @mironmartin @juankiarribas @martachavero @cristinaperezgo @PalomaUgarte60 @MariaPLaya @uxiablanco@ LauriArtal @margagc @LuisSerrano @chussanchez_73.  Su generosidad ha hecho la vida más fácil a alguien que lo necesitaba.</p>
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		<title>MARATÓN DE CHICAGO. EN TU MEMORIA, CON TU MEMORIA</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Oct 2012 06:30:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Óscar Vázquez]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5844"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5844" title="MAMA" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/MAMA3-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5849"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5849" title="amedallachicago" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/amedallachicago-384x286.jpg" alt="" width="384" height="286" /></a></p>
<p>Por Óscar Vázquez Carnero</p>
<p>Veo el cartel de 800 metros y aprieto los dientes como jamás lo había hecho. Enfilo desencajado los casi únicos 400 metros de subida del maratón de Chicago y preparo mentalmente la llegada. En mi mano izquierda la bandera de España. El dedo índice del brazo derecho apunta al cielo. Cruzo la meta tres horas, treinta y dos minutos y cuatro segundos después de la salida. Un instante de pequeña gloria para meses de sacrificios y un momento para la nostalgia, el recuerdo y la emoción. Una voluntaria coloca la medalla en mi pecho y afloran algunas lágrimas. Lo primero que hago es enviar un tweet. «Donde quiera que estés te gustará saber que he hecho mi octavo maratón y que he hecho mejor marca personal. En tu memoria, con tu memoria, mamá». <span id="more-5843"></span>Inmensa ciudad, carrera especial y experiencia maravillosa para los miembros del «comando berlinés» que afrontan, -en la mayoría de los casos-, su cuarto «World Marathon Majors».  Meses de dedicación para una prueba que comienza con sobresaltos mucho antes de calzarnos las zapatillas. Los primeros problemas surgen en Barajas cuando la empleada de Iberia anuncia que no puede facturar el equipaje de Ricardo porque el permiso para entrar en Estados Unidos no es válido. No sirve de nada el argumento de que la solicitud está pagada y autorizada por la Embajada. No hay tiempo para lamentos y nos ponemos manos a la obra para solventar la confusión con una nueva solicitud que tramitamos a golpe de de récord en un portátil. Todavía con el sofoco de la primera incidencia nos reunimos con el resto del grupo en la zona de embarque.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5845"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5845" title="Madrid-20121004-00023" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/Madrid-20121004-00023-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>Ya en el avión me doy cuenta de que he olvidado el ordenador en el control de seguridad. Antes del despegue uno de los miembros del comando que no ha viajado a Estados Unidos me da buenas noticias. «Tu ordenador está controlado y a buen recaudo» me dice José Luis. Antes de volar, nueva sorpresa esta vez agradable. Brenda Martín anuncia vía twitter que compartimos avión y quien sabe si sueño. Tiene dorsal pero no está segura de correr por unas dolorosas molestias de ciática. El vuelo es tranquilo y un poco largo. Combatimos la pesadez con conversaciones sobre ritmos de carrera, perfil de la prueba y las inevitables comparaciones con otros maratones. El aterrizaje da la razón a quienes avisaron de que el aeropuerto de Chicago es uno de los más peligrosos para tomar tierra. A la salida, la enésima incidencia del día. Alberto, el guía del grupo de «Sportravel», no supera el control de seguridad y tiene que pasar por el «cuartelillo» de la Policía  estadounidense. Apenas media hora después sale «libre» y nos dirigimos a las  furgonetas que nos trasladarán a la ciudad. Demasiado bonito para ser verdad. Dani se ha olvidado una de las maletas en la zona de equipaje y eso demora otros tantos minutos la salida. La llegada al hotel nos da una idea de la grandeza de la ciudad. Avenidas inmensas, muchos espacios verdes y un lago, el Michigan, que por su tamaño y majestuosidad bien podría ser un mar. Estamos cansados por el viaje pero prolongamos el día para adecuarnos al cambio horario.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5846"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5846" title="DSC00494" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/DSC00494-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>Decidimos madrugar un poco para rodar por la zona de salida y llegada de la prueba. Es viernes , quedan 48 horas para la cita y nos dirigimos a una feria del corredor acorde con la ciudad. Grande, cómoda, muy bien organizada y con mucho ambiente desde primera hora de la mañana.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5847"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5847" title="DSC00501" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/DSC00501-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>La recogida del dorsal es todo un ritual en la memoria de cualquier «runner». Es el momento donde comienza a visualizar la experiencia . Ya no hay marcha atrás. Fotos y compras antes de disfrutar de un día turístico que incluye el tradicional paseo por el río Chicago inmortalizado por  Merkel y Rajoy durante la última Cumbre de la OTAN. También hay tiempo para subir a la torre más alta de Estados Unidos con sus más de 400 metros.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5848"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5848" title="Chicago-20121006-00041" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/Chicago-20121006-00041-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>El sábado amanece con sorpresa al toparnos con dos de los grandes maratonianos en el hall del hotel. Son los que corren a más de 21 kilómetros por hora. Los verdaderos «cracks» de la prueba que aceptan, no sin titubeos, posar para una foto con parte del «comando berlinés». Hacemos turismo hasta media tarde y volvemos al hotel para preparar el altar del maratoniano,- camiseta, zapatillas, dorsal, chip, bandera y geles-, antes de disfrutar de una cena a base de hidratos. Quedan pocas horas y las previsiones apuntan frío en la salida. Apenas 4 grados que obligan a correr a los más frioleros con guantes y más de una camiseta. Tras el completo desayuno caminamos a la línea de salida para encontrarnos con Brenda y dejar nuestra bolsa del corredor.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5852"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5852" title="achicagobuena" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/achicagobuena-384x255.jpg" alt="" width="384" height="255" /></a></p>
<p>Suena el «We Take Care of Our Own» del «Boss». El arranque  es escalonado y todos los miembros del «comando» lucen dorsal rojo que implica partir a las siete y media de la mañana. El grupo se rompe y cada uno busca su cajón de salida. En mi caso el «C» donde cientos de runners esperan con la mirada perdida y la tensión acumulada en los músculos. Suena a capela el himno de Estados Unidos y los lugareños lo escuchan emocionados con la mano en el corazón. Después, coincidiendo con el disparo de salida, el «Born to Run» de Bruce Springsteen. Toda una premonición y una buena señal. Hoy es mi día, pienso, y salgo convencido de que no puedo fallar. Detrás hay un montón de gente que me arropa y una buena razón para no entregarme en ni uno solo de los 42.195 metros. En el primer kilómetro adelanto a un hombre que está más cerca de los 80 años que de los 70. Va muy despacio pero firme. Imagino lo que le queda de sufrimiento y me sirve de ejemplo. Firmo el primer kilómetro por debajo de 4,40. Me asusto porque son 20 segundos menos que el ritmo previsto y sé que quedan más de 41 kilómetros por delante. El paso por el 5 confirma que voy muy bien y al llegar al 10 el tiempo mejora todavía más. Cruzo la línea del 15 y por primera vez soy consciente de que la marca no se puede escapar. Es el tramo más bonito.</p>
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<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5850"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5850" title="2012 Bank of America Chicago Marathon" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/ateatro-chicago-384x255.jpg" alt="" width="384" height="255" /></a></p>
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<p>Suenan los «Beatles», los corredores  enloquecen con el «Eye of the tiger» de la banda sonora de «Rocky 3&#8243; y chocan sus manos con un tipo disfrazado de Elvis que intenta cantar como el «rey» . No lo hace mal pero no es lo mismo. Mantengo la media en el kilómetro 20 y me acuerdo del seguimiento que están haciendo en Madrid. Sé que los tiempos ilusionan y que deben de pensar que si aguanto el ritmo habrá marca. No sé nada del resto del «comando» pero algo me dice que Ricardo, Dani, Miguel y Juan  van bien. El reloj marca 1,42,39 al paso por el medio maratón y logro mantener el ritmo hasta el 25. Es ahora cuando realmente asoma la dureza de la prueba y me siento fuerte. Descuento uno a uno los kilómetros hasta el 30. Sigo en tiempos que jamás soñé y me anima la voz del «speaker» que megáfono en mano grita «vamos Óscar de España». El cansancio empieza a aparecer pero mantengo el ritmo hasta el 35. Falta poco pero es lo peor. Siete kilómetros para cruzar la línea de meta con la obsesión de hacer mi mejor marca personal y poder dedicársela a la persona que nos dejó hace 20 días. Sufro del 35 al 37 y afronto el último 5.000 . El agotamiento pasa factura y el ritmo decae. Me voy dejando esos segundos necesarios para terminar en la quimera del 3,30. Imposible. Los peores momentos legan del 37 al 40. Los supero y busco el último esfuerzo. A 1.000 metros de meta aparece Alberto . Ha salido de entre el público para correr a mi lado. «Vamos, Óscar, tienes el grupo de 3.30 ahí delante». Son menos de 100 metros de diferencia pero es todo un mundo. No abro la boca. Cabeceo de izquierda a derecha, incapaz de articular palabra, para decirle que  no puedo alcanzarles. Me he vaciado. No me queda nada. Sólo llegar y disfrutar del mejor maratón de mi vida. He bajado casi 7 minutos mi mejor marca. Ahora sí es el momento de sacar la bandera de mi país y mirar al cielo en busca de mi madre. Cruzo la meta en 3, 32,04 y lloro.</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5851"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5851" title="DSC00606" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/DSC00606-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>Me duele todo pero estoy feliz. Los voluntarios me dan agua, me ponen la manta térmica y me cuelgan la medalla antes de la foto oficial . Sigo adelante en busca de mi bolsa  y me encuentro a Ricardo. La «gacela del norte» está sentado y tranquilo. Feliz por su mejor marca personal , 3,03,12, pero incapaz  de ocultar que es un animal competitivo y que su sueño de bajar de las 3 horas se esfumó por muy poco. Suena el móvil y un radiante Dani que acaba de firmar su mejor marca personal en una «Major» , 3,18,41, me pregunta ¿qué has hecho?. Él ya lo sabe pero quiere oirlo de mi voz. Está feliz por su maratón pero, sobre todo, por el mío. «Te lo merecías» me dice después mientras nos fundimos en un abrazo. En su espalda lució un mensaje de ánimo que llega al alma, «I´m running for&#8230;mamá de Óscar». Este es el mundo «runner». Solidario, comprometido, generoso. Antes había visto a Brenda para fundirnos en otro inmenso abrazo. Una guerrera del running que no se rinde nunca. Corrió con la amenaza de la ciática y la venció para acabar su noveno maratón en unos impresionantes 3,38, 39. Aparece Miguel Ángel para demostrar que está hecho de otra pasta. Hace apenas mes y medio tuvo miedo a morir con 10 grados bajo cero y aterido de frío en las cumbres de los Alpes durante la temida prueba de ultra trail «CCC». En Chicago, aparcó sus dudas  y paró el crono en 3,29, 57. Falta Juan. Tememos que haya pinchado pero ha vuelto a tirar de coraje para terminar su cuarta «Major» en 3,35,12. Un tiempo increíble sin apenas entrenamiento.</p>
<p>Buscamos las fotos con el «skyline » de Chicago y queda lo mejor. Leer los mensajes de ánimo de los «runners» que han compartido pasión durante el último medio año. Esta experiencia también es la de Manu Marlasca, Miguel de Lucio, J.J. E, Marta Chavero, María Pérez y otros tantos cómplices de  sueños y vivencias.</p>
<p>GRACIAS</p>
<p><a href="http://www.eluniversodemartina.es/?attachment_id=" rel="attachment wp-att-5854"><img class="aligncenter size-medium wp-image-5854" title="Chicago-20121006-00053" src="http://www.eluniversodemartina.es/wp-content/uploads/2012/10/Chicago-20121006-00053-384x288.jpg" alt="" width="384" height="288" /></a></p>
<p>Esta no es es sólo la crónica de un maratón. Es una excusa para recordar a quien se fue y a quienes se empeñan en hacer la vida mejor y más fácil a los demás. Gracias a los miembros del «comando» que no pudieron cruzar el charco. Gracias a José Luis y Rubén por ser egoístamente generosos y pensar sólo en los demás. Gracias por ese seguimiento emocionado donde vivíais cada uno de nuestros kilómetros como si os fuera la vida en ello. Gracias a mis amigos. A los que nunca fallan. A mis «hermanos» Rafa , Juan Carlos y Javi. A Ignacio y todo mi grupo de  «Pucela». A la gente de «Onda Cero» y «Antena 3&#8243; que se alegran de mis éxitos y sufren con mis fracasos. Gracias con el alma a Cristina, a Sole, a Ángeles, a Esperanza, a Susanna, a Carles, a Mónica, a Matías, a Lourdes, a Vicente, a Miriam, a María José, a Victor. Por vuestro inmenso corazón y por ser, por encima de todo, buenas personas. Gracias a Laura, mi entrenadora. Gracias a Pedro, mi «fisio». Gracias al grupo de «Los Ángeles». Gracias a mi familia por su comprensión, a mis hijas por devolverme la sonrisa, a mi padre por ser cómo es. Gracias a ELLA por enseñarme,- yo sólo me limito a intentarlo-, a ser honesto, digno, solidario, sacrificado y luchador.</p>
<p>Y gracias a quienes la cuidaron con cariño, mimo y profesionalidad desde los servicios sociales del Ayuntamiento de Valladolid. Mil gracias a Loli del Río y a María Ángeles. Me hubiera gustado decir lo mismo del servicio de oncología de los hospitales Clínico y Campo Grande pero resulta imposible ante una actitud que rozó la «mala praxis» . No pedíamos milagros. Sólo información, respeto y ayuda. Tan simple y al tiempo, al parecer, tan complicado. Lo fácil sería dar nombres y apellidos de quienes no hicieron bien su trabajo pero ELLA no estaría de acuerdo y para un chaval que creció jugando el rugby en El Salvador y maduró corriendo maratones sería imposible. Y además, el único nombre que merece cerrar esta modesta crónica es el de ELLA.  Ángeles Carnero Giralda. Mi madre.</p>
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