No hubo sorpresa, mi marido ha pronunciado esa frase tan original que en su momento pronunció su padre y que él repite cada año por estas fechas. “El niño tienen que nadar ya, y si no  (¡Atentos que aquí viene la frase incisiva, interesante y revolucionaria!) se le tira al agua que ya saldrá…

Qué, ¿cómo os habéis quedado? A que nunca lo habíais oído y es justo lo que os apetece: ver a vuestro pequeñín luchando por sobrevivir y tragando cloro mientras sus manitas “aletean” y sólo se le ve asomar la coronilla. Está clarísimo que es lo mejor para que un niño se anime a nadar… Yo por si acaso me voy a fijar en otras fórmulas que creo que, a lo mejor, también funcionan. Lo primero es decidir qué edad es la mejor para aprender. La noticia es que los que saben de esto no se ponen de acuerdo. 




La matronatación se define como “la enseñanza de la natación para bebés”. Según la Asociación Española de Pediatría. No hay un criterio claro para decidir qué edad es la mejor para aprender a nadar, depende de la madurez de cada niño.

La Federación Española de Natación recomiendan una nueva web de la campeona británica Rebecca Adlington para enseñarles a nadar. Es muy práctica. Está en ingles pero los gráficos son suficientemente claros para entenderlo http://www.speedoseasquad.com/
Los pediatras creen que es una actividad saludable aunque recalcan que hay que asegurarse de que la piscina reúne todas las condiciones para evitar problemas y enfermedades relacionadas con la natación: 

 -la hiperhidratación por la ingesta de agua                                     

-la conjuntivitis química por cloro
-la conjuntivitis infecciosa vírica (por adenovirus, muy contagiosa y prolongada) o bacteriana 
-la infección de córnea en niños con lentillas
-el molluscum contagiosum (infección de la piel  especialmente contagiosa en piscinas).
- infecciones de los pies por hongos (sobre todo en duchas)
-la pitiriasis versicolor (infección de la piel de la espalda por hongos)
-las diarreas 
-la quemadura solar 
-los traumatismos 
-el ahogamiento: este es el peligro más importante que deriva de la desatención por parte de padres o monitores



¡En fin! tampoco podemos vivir obsesionados por qué cuando el niño o la niña hagan deporte o baile también correrán riesgos. Hay, eso sí, algunas conclusiones importantes. No hay que tener prisa por ver al «peque» buceando como un delfín. En una declaración del año 2000 la Asociación Americana de Pediatría concluye que los niños no están maduros para lecciones formales hasta los 4 años y q los padres no deben sentir que sus hijos “saben nadar” ni que pueden estar “seguros” en el agua por haber recibido un buen curso. Siempre que un bebé esté en el agua un adulto debe estar pendiente de él.   El truco es no forzar al niño y ayudarle a perder el miedo poco a poco, así que mejor no tirarle al agua porque a lo peor no sale y si sale lo hace aterrado.